Participación, necesidades y responsabilidad

A lo largo del proceso, muchas veces nos cuestionamos el objetivo, el sentido y el impacto de la participación.

La participación, en sí, a veces se sitúa en un espacio de ambigüedad poco considerado. Por un lado, es importante salir de la visión del político/arquitecto/artista/diseñador que llega desde la nada y crea algo que interesa sólo a él. Por el otro, ¿Qué pedimos cuando pedimos de participar? Y qué damos? ¿Hasta qué punto la participación no es un reflejo de nuestros deseos sino una respuestas a las necesidades/deseos de l@s vecin@s?

Participar implica interés, requiere compromiso y pide tiempo, disponibilidad, esfuerzo físico y mental. ¿Pero qué reciben l@s vecin@s a cambio de la participación? ¿Es suficiente con el tener un espacio simbólico y de puesta en común? ¿Cómo se puede hacer que la participación resulte interesante para l@s vecin@s? ¿Que sea un esfuerzo que vale la pena hacer?

En plantearnos estas preguntas, se entrelazan varios aspectos: las necesidades, las responsabilidades, lo que se puede o no se puede hacer. ¿A qué necesidades respondía el proyecto? ¿De quién eran estas necesidades? ¿De dónde venian? ¿Qué hay que hacer (y cómo) para plantear un proyecto que realmente surja de las necesidades de la comunidad? En el mismo tiempo, cuando surgen deseos que no podemos realizar (ej. unas aceras más amplias), ¿Cómo podemos reaccionar?

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